Los orígenes de la maestría.

Esta vez vamos a dejar atrás las novedades y la actualidad musical.

Por contra, quiero presentar, aunque espero que muchos lo conozcan ya, mi disco favorito y seguro que el de muchos visitantes más.

Allá por 2001 salió este disco de un grupo que prometía pero aun le faltaba mucho por demostrar.
Con una portada tan simple y a la vez enigmática, Muse nos demostraba en un CD como puede madurar una banda, hacer arte y pasárselo en grande haciendo experimentos.

La verdad es que si algo me atraía del grupo era la voz de Bellamy, que en Showbiz, su anterior trabajo, ya dejaba claro que no era un simple rockero con ganas de gritar, sintiéndose a gusto tanto en notas graves como en las más agudas, llegando a una impresionante A5 en el tema Dead Star. 

Lo verdaderamente maravilloso fue ver la evolución entre un trabajo y otro.
Yo solo esperaba más riffs, más falsetos y más rock pero la simetría esconde mucho más.

Realmente el título le va al pelo, pues las canciones, lo primero que desprenden y se percibe es un trato magistral a la hora de componer, una técnica casi matemática a la hora de poner sobre la mesa los pentagramas de sus temas.

Y no son pocos los pentagramas que sacaríamos del álbum. Inicialmente parece que simplemente les haya dado por poner más piano en el disco, bastante romántico al fin y al cabo, pero nada más. Cuando llevaba un par de oídas a esta pieza de arte empecé a percibir instrumentos nuevos, para nada convencionales, que le daban a las canciones un aire muy particular y atrevido. No se conformaban con el piano y se atrevían con el órgano; tampoco se convencían con el bajo y probaron con distorsiones y sonidos sintetizados; ni siquiera tenían suficiente con un goliat y unos toms, si no que decidieron ampliar los componentes de su batería.

El resultado no hay más que verlo:

Como se puede apreciar desde el primer segundo, Matt sabe tocar el piano.

Sin duda alguna, Chaikovski ha tenido que sonar en su minicadena más de una vez

para poder parir una pieza como ésta.
Una pieza que se aleja del rock por unos instantes,
para no solo mostrarnos la maestría del grupo si no también para experimentar con un éxito rotundo.
No se cortan a la hora de distorsionar la voz, pero nada oculta el potencial de Matt,
atreviéndose con tonos altibajos como si de un todoterreno se tratara.
Pero una buena canción no justificaría mi elección, así que os cuento un poco más…
Aqui nos despiertan con una guitarra bien distorsionada, que no se corta en marcar un riff de lo más adictivo.
Eso pensé en escucharla por primera vez, y parece ser que no fui el único.
Este riff que se repite una y otra vez sin cansar a nuestros oídos fue votado en varias revistas de renombre como uno de los mejores de toda la década.

¿Aun no hay razones de peso? Vamos a ver como nos demuestra Matt que su falseto marca la diferencia:

Aquí me di cuenta de que Muse seguía siendo un grupo sombrío,
tal vez no tanto como en Showbiz, donde el progressive rock lo impregnaba todo, de forma muy cuidada, pero sin salirse demasiado del género más clásico.
En Micro Cuts parece que nos pretenda convencer de que es un chico polivalente y, ante todo, que hace lo que más le gusta, sin temerle a nada.
Usar el falseto para cantar un tema íntegro es, cuanto menos, muy atrevido.
Y el resultado acaba siendo convincente.
Suena oscuro, potente, hipnotizante.

Y para quien no esté seguro de si Muse es un grupo de contrastes, aquí tenemos una impecable muestra de ello:
En este caso reservan para el final un tema muy particular.
Es una pieza en apariencia muy progresiva, potente cuando recita el título de la canción
pero que esconde unos solos de guitarra insólitos, 
con algún acercamiento a la música más bien española,
española como lo era antes, nada que ver con el panorama actual.
Todo ello le sienta como un guante y nos demuestra que el grupo de Matt son artistas en toda regla
con la guitarra, el micrófono, el piano o la pluma en la mano.
Y ya por último, no podemos dejar escapar el tema que, aunque abra el álbum, quise dejar para el final pues es sin lugar a duda la canción que más me atrae de toda su carrera musical:
Esta vez puse el videoclip, porque incluso en él reside la paranoia que caracteriza al grupo.
Es bien sabido que el líder del grupo cree firmemente en las conspiraciones mundiales e incluso en los extraterrestres.
Opiniones a parte, en el videoclip nos acerca a sus pensamientos con una canción sacada de otro planeta.
En este tema que sirve de apertura para el disco, el piano nos abre el apetito para, en el momento menos esperado, y solo anticipado por Dom quien con la batería, contundente como siempre, nos avisa de que la guitarra viene a visitar nuestras cabezas.
El conjunto, a mi parecer, más que maravilloso, da un caché al tema insuperable por ningún otro tema del álbum. 
Y estas son unas cuantas, aunque no todas, las razones por las que Origin of Symmetry se convirtió, y por ahora nadie le ha quitado el puesto, en el mejor disco que conozco.

Si bien Muse se pasea a sus anchas por los distintos ámbitos musicales, desde sintetizadores a sinfonías, me quedo con este estilo, a medio camino entre el rock y lo alternativo más alternativo.

Creo que, parte del éxito, vienen dado por la formación musical del grupo, principalmente de su líder y vocalista, que a la vez es el guitarrista principal, y el único además. Un conocimiento que es perceptible en cada tema, en cada solo. 

Y es que para ser alternativo no siempre sirve con coger cuatro instrumentos y mezclarlos como nadie lo ha hecho antes. Hace falta conocer bien la música, experimentar con ella y mimarla como ellos hacen.

De esa manera es como consiguen que todos sus temas tengan un toque muy original, desde los inspirados en el salvaje oeste, como las versiones de canciones muy clásicas, como sus temas más reivindicativos en los que se atreve con Nocturnas de Chopin.

Y, algo que no le puede faltar a un buen grupo, bajo ningún concepto, es un buen directo. Muse, por su parte, no podía ser menos. Son más que conocidos por agotar sus entradas en unas horas, llenando estadios como Wembley en varios días consecutivos. Y la gente no compra las entradas por fanatismo, sino que a la vista está que sobre el escenario sus canciones no pierden ni un solo matiz. Sino que más bien mantienen la calidad y detallismo de sus composiciones, añadiendo algun solo improvisado, muy a lo Tom Morello, que asombra por la facilidad con la que Matt consigue sacar con sus dedos melodías deliciosas. Sin olvidar algo que ya es poco común (exceptuando los grandes clásicos como Bruce) como es el de ofrecer conciertos de dos horas y media, sin prisa por pronunciar el adiós.
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