Canciones bajo el arco iris (I)

De entrada, dos observaciones. Primera, cuidado con las etiquetas. ¿Existe un música propiamente gay, puede considerarse lo gay un género musical en sí mismo? Ciertamente, existe una cultura de afirmación y reivindicación homosexual en expansión por todo el Occidente musical, pero entiendo que todo lo que traspase este amplio y legítimo horizonte conduce a la caricatura, a la marca discriminadora y finalmente al gueto. Decía en sus memorias el escritor Gore Vidal que no hay personas homosexuales, sino actos homosexuales. Mutatis mutandis, podría decirse que no hay una música gay, sino canciones que abordan lo homosexual.

Segunda observación. El éxito clamoroso y sostenido de artistas comprometidos como Elton John, Pet Shop Boys o K.D. Lang tiene hoy en día un público masivo y plenamente transversal en lo que respecta a sexo, sexualidad, raza, ideología, nacionalidad, edad y condición humana imaginable.

En 1939, la actriz y cantante Judy Garland –madre de la también actriz y cantante Liza Minelli– entonaba Over the Rainbow en la película El Mago de Hoz. Un clásico multiversionado que acabaría convirtiéndose en el primer himno gay y, por extensión, en los colores de su bandera.

A principios de los ´70 nacía en Reino Unido el Glam Rock, con Marc Bolan y un joven David Bowie como figuras destacadas. El Glam (apócope de glamour) proclamaba una música fresca, desenfadada y con una estética andrógina y teatral frente al rock psicodélico. El glam tuvo una vida breve y puso su acento estético más en la indumentaria y la puesta en escena que el homoerotismo. Un buen ejemplo del glam más genuino es este estupendo John I´m only dancing de David Bowie.

Dancing Queen, de ABBA, I feel love, de Donna Summer son otros títulos setenteros a recordar y, muy especialmente, I will survive, el superhit de Gloria Gaynor. Toda una declaración de amor a la vida y de resistencia ante la adversidad que se convertiría en otro de los himnos gay. Don´t stop me now de Queen, YMCA y Go West, de Village People marcan un punto de inflexión con su punto de orgullo, petardeo, descaro, humor y provocación. En 1993, los Pet Shop Boys harían una celebradísima versión, con un brillante clip que es todo un canto general a la liberación con el Oeste como gran metáfora de libertad global.

Los ´80 son años de efervescencia creativa, innovación audiovisual y expansión con bandas como las británicas Culture Club (qué gran nombre), The Smiths o Bronski Beat. O, lo que es lo mismo, Boy George, Morrissey y Jimmy Somerville. Por aquel entonces, el videoclip como vehículo artístico y promocional ya estaba plenamente consolidado y los Queen dan en el blanco con I want to break free, donde un provocador Freddie Mercury travestido se esmera pasando la aspiradora y pasando a la historia de la música como icono musical.

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