J.J. Cale: la gloria a mitad del camino

Muy pocos músicos pueden darse el lujo de sacar un recopilatorio de canciones de ensueño a mitad de su carrera. Y no me refiero a los Greatest Hits de turno promocionados y multiproducidos por las grandes compañías, donde la grandeza musical muchas veces se supone y el éxito no es más que una concesión comercial a la vanalidad de las radiofórmulas.

Escuchar J.J. Cale Special Edition (1984) es como entrar en cueva de Alí Babá, el descubrimiento de un tesoro deslumbrante donde las piedras preciosas y los metales nobles refulgen con todo su esplendor por todas partes. Como Cocaine, la que abre el álbum y que versionaría Eric Clapton, su amigo del alma. O After Midnight, también adoptada y adaptada por el músico inglés.

Pero es en los tiempos lentos donde los ritmos sinuosos, la voz brumosa, la dicción casi conversacional de Cale y el punteo suave y claro de su guitarra dan paso a baladas sublimes de propiedades casi opiácieas como Magnolia, Sensitive Kind o City Girls. El blues clásico, el rhythm & blues sureño y el caractrístico sonido cajún, originario de los colonos franceses de Louisiana que Cale haría popular, completan este magnífico lote de excelsa joyería musical.

No hay en la carrera de este cantautor escándalos matrimoniales, broncas de hotel, clínicas de rehabilitación, salidas de tono ni desplantes con los periodistas. Escaseaban sus directos y apenas giraba. Era un artista atípico, un artesano, un explorador de sonidos al que le gustaba pasar temporadas en una autocaravana mientras componía. Sus canciones han influido en artistas tan dispares como Joaquín Sabina, Dire Straits y, más claramente, en la brillante carrera en solitario de Mark Knopfler.

John Weldon Cale (Oklahoma,1938-La Jolla,CA,2013) nos dejo el verano pasado de un traidor ataque al corazón. Igual es que lo tenía demasiado grande. Tímido y solitario, a Cale hay que imaginárselo al atardecer con su acústica sentado bajo el porche de su casa, cantando con su voz susurrante y una cerveza helada junto a sus pies descalzos mientras caen las últimas luces y todas las estrellas del cielo salen a rendirle pleitesía. Un sueño feliz.

Valoración 5/5

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