Boyhood: como la vida misma

Boyhood (momentos de una vida). 2013, Estados Unidos. Género: Drama/Infancia. Dirección y guión: Richard Linklater. Banda sonora: VV.AA. Fotografía: Lee Daniel, Shane Kelly. Reparto principal: Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Lorelei Linklater, Jordan Howard, Tamara Jolaine.

Ayer cedí al hype. Y lo hice durante 165 minutos de mi tiempo. Vale, probablemente mi primera intención era ceder unos 90 y a partir de entonces ver si la curiosidad mataba al gato o no. Quiero insistir: tanto metraje últimamente equivale a mala calidad fílmica. Pero a partir de unos 15 entendí cómo eso que estaba viendo se trataba de un buen film. Aunque hay que considerar que grabar de los 7 a los 18 años de la vida del bastante (hasta 2013) desconocido Ellar Coltrane en un film con una serie de historias personales llenas de detalles entre Houston y Austin (Texas), te da ciertos privilegios. No obstante, el rodaje per se se hizo en 39 días.

Richard Linklater dirige y escribe un guión que relata cómo Mason Jr., hijo de unos padres divorciados prácticamente des de su nacimiento y el de su hermana Samantha (interpretada por la joven hija del mismo director), va demostrando una cierta madurez des de sus 12 años de crecimiento, acompañado por una remarcable banda sonora en la que no faltan Coldplay, The Hives, Britney Spears (acapella cover by Samantha), Wilco, Arcade Fire, y un ya fetiche de los fanboys del film: el Black Album de The Beatles (una compilación de canciones de los 4 de Liverpool post-separación). Ethan Hawke interpreta al padre de custodia compartida para fines de semana, sobreviviendo cerca de sus hijos después de un año y medio de desconexión y viendo como su ex-mujer (Patricia Arquette) vuela de casa en casa, de marido en marido, de apuro en apuro.

Quizás se puede destacar el mayor atributo de la película, que al mismo tiempo debiera ser la mayor dificultad: hacer del largo metraje entretenido y justificado, sin caer en las historias poco creíbles de algunos otros films que sirvan de cliffhangers para no perder la atención del espectador. Y dudo que muchos de los periplos infantiles de Mason Jr. sean exclusivamente destinados a reflejarse en chicos estadounidenses. A Linklater no le falta alguna historia que quizás no se suele encontrar el mismo niño: un padrastro alcohólico, un padrastro post-marine machista, una novia que resulta ser la más popular y bella de su instituto… Dejémoslo en licencia cinematográfica.

Si tuviera que destacar alguna escena de la película, sería un momento en que Olivia le confiesa a su hijo, a punto de partir a la universidad: “Pensaba que habría más”. Pese a todas las etapas que han tenido como familia y todos los trángulos, ya ha pasado una gran parte de los periplos y su hijo ni siquiera se arrepiente de partir de su casa después de las facilidades que su madre le ha dado (quién sabe si con psicología inversa) para el susodicho gesto.

Me han dicho amigos que no la han visto que si se trata de un documental o una peli para quemar una tarde aburrida. Si bien el realismo puede ser un sí a la primera categoría, no la categorizaría  por una cosa ni la otra. Boyhood no es “esa-peli-que-la-grabaron-durante-12-años-y-ya-tiene-que-molar”. No se merece el sensacionalismo que se le ha dado. Es, por decirlo de alguna forma, una demostración del anticliché, la demostración de la vida de un niño que se convierte en un fotógrafo no antes sin pasar por separaciones, mudanzas, amagos de bullying, padrastros borrachos, noviazgos “porquetoca” y regalos de bíblias y escopetas en un mismo cumpleaños.

Valoración final: 8’5/10

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