Turismo: tabú, oxímoron, reajuste

El turismo consiste en los viajes y estancias que realizan personas en lugares distintos a su entorno habitual (una noche de estadía como unidad) y como máximo 365 días, por ocio, negocios u otros motivos” – Organización Mundial del Turismo

El concepto turismo vive horas bajas en cuanto a su fama, pese a ser muy popular. Mira, como el gobierno. ¿El problema principal? Que la palabra “turismo” per se no podría tener connotaciones más negativas. Pídele a un vecino del Raval o la Barceloneta qué le parece vivir donde vive respecto a los visitantes de su barrio: cambio total, cuesta respirar, más suciedad… No me imagino estar en su lugar. ¿Pero, hemos querido entender el papel del turista? Llevo 6 años intentando entender qué es esto del turismo, y la verdad es que es uno de los conceptos más complejos, por poco que pueda parecer, que tenemos hoy en día. Si alguna palabra es la que mejor podría calificar al turismo hoy en día, podría ser oxímoron.

Turismo no son 4 guiris que vienen a ocupar una playa, ni a ponerse como una gamba (no sólo por el sol, sino también la mimetización con el color de la sangría), ni a tirarse de un balcón de Lloret de Mar para caer (con suerte) en la piscina del complejo de apartamentos donde se alojan (o no). Eso NO es turismo. Se me ocurren muchos otros significantes diferentes. Estamos en un momento muy interesante para el turismo, y ya hemos olvidado el monopolio de las tres S (sun, sand and sea). Como turistólogo, no es de estrañar que me duela ver qué concepto de turismo se tiene hoy en día.

¿Que qué es el turismo? Ha habido tantas definiciones como personas lo han definido. Unas más cercanas, otras menos, al excursionismo. A mi parecer el turismo se basa en romper relativamente la rutina y hacerlo como uno quiera: ya sea como el viajero romántico (que viajaba por hedonismo, para hacer crónicas que se convertirían en las primeras guías de viajes), ya sea de complemento a un viaje de negocios (en Barcelona se frotan las manos con el polémico Mobile World Congress) o haciendo la ruta de Breaking Bad por Nuevo México, con souvenirs en forma de caramelitos de cristal azul incluídos. Eso sí, con un desplazamiento, por pequeño que sea. Empieza con la idea del viaje, y termina cuando tenemos la maleta guardada en ese recóndito armario.

El problema del turismo es que se ha demonizado al concepto per se. Hacer turismo no sólo son las tres S, ni el museo de turno que quizás no interesa, pero se va “porque toca”. Por nuestra fortuna, podemos ser optimistas, y están apareciendo desde hace un tiempo conceptos como el “long tail”. La larga cola, que representa lo que sería gráficamente la cantidad de motivaciones turísticas, de pequeña cantidad de público, pero que todas juntas suman mucho más que el turismo de sol y playa o el tan creciente turismo cultural. Tenemos, por lo tanto, un punto muy alto en estos dos, y unos muy bajos y probablemente cercano al infinito, que se alargan hacia la derecha de la gráfica, creando una larguísima L.

Y eso es muy bueno, significa que estamos siempre buscando y actualizando productos para el turista. ¿Pero porqué consideramos tan malo el turismo? En primer lugar porque no somos un país donde el turismo sea presente en todo el sector económico como debiere, pese a ser uno de los más importantes contra la “crisis”. No somos Austria, y tenemos playas. ¡Chuparos esa, tres eses! Quizás no hemos acabado de salir del turismo fordista, del turismo de masas. No hemos llegado al punto de ciudades como San Francisco, donde webs como “Not for tourists” presentan la contradicción que dicha gente visita sitios “no para turistas”, hasta que dichas destinaciones se acaban llenando de estas personas que no quieren ser consideradas turistas, y al final se convierten precisamente en éso. Es muy fácil criticar a los turistas borrachos que ensucian y llenan de ruido las calles. Pero quizás no sabemos cuántos les dan las bebidas y porqué hay unos horarios o zonas de bares que se deciden en despachos. (Quizás) el concepto de servicio al pueblo no es el más aplicado por nuestros políticos. Quizás el gasto turístico no es lo más importante en la gestión turística. Quizás hay que evitar morir de éxito. Pero cada destinación y sociedad es diferente, y cada modelo debe saber adaptarse a la sociedad que lo habita y el perfil turístico que recibe.

Sin embargo, hay que insistir, pues estamos apostando por nuevos nichos turísticos: el enoturismo, el turismo de memoria, el turismo negro, el turismo deportivo, el turismo de golf, el turismo rural. Entonces, ¿qué falla? Pues el sistema. Nos cuesta olvidar las agencias de viajes, los estereotipos de los guiris, pero dejamos que modelos turísticos persigan a viviendas de uso turístico, pues pueden “amenazar” la demanda de los hoteleros. Nos falta plantearnos más a menudo todos estos “quizás”. Seguramente es muy fácil criticar o criticar esas críticas. Pero creo que hay que darle una oportunidad a un sector que nos está ayudando. Si dejamos que nos ayude para mejor, ya tenemos mucho ganado. El tabú clicherista detrás de la palabra “turismo”, el oxímoron del sector que tanto beneficia y perjudica imágenes y residentes. Eso es lo que hay que cambiar.

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