Drones: un nuevo oxímoron en la guerra de Muse

Se han hecho muchos álbumes sobre la guerra, control de la sociedad, contra el capitalismo, o al más puro estilo orwelliano. Matt Bellamy, Dominic Howard y Chris Wolstenholme forman un triplete tan bueno como los dos del Barça al terreno musical. Sin embargo, Drones es su nuevo álbum, un retorno muy esperado, y lleno de avances y especulaciones que sólo en parte se han cumplido. Está claro que Matt ya nos hizo creer como The 2nd Law sería un álbum cargado de dubstep, cuando apenas asomó la cabeza. En el álbum que revisionamos, tenemos una sensación de oculus interruptus: la cosa pintaba tan bien (o la hizo pintar Bellamy des de sus primeras promos), que se quedó en medio buen álbum con reminiscencias del mejor Muse (Showbiz, Origin of Symmetry), pero con piezas que merecían máximo asomar la cabeza como caras B.

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Tenemos un álbum conceptual en nuestras manos, hay que tenerlo en cuenta. Es el resultado de leer el libro Predators: the CIA’s Drone War on Al Qaeda (2013). La historia se basa en alguien que tras perder la fe en sí mismo, acaba esclavizado, convertido en una máquina de matar, pero acaba siendo un héroe tras rebelarse encontrando el amor y liberando de la tiranía a los demás. Si te venden un producto con dicha sinopsis, menudas ganas, añadiéndole el filtro rock que se nos anunciaba, ¿verdad?

No nos engañemos, el álbum empieza bastante bien. Dead Inside, pese al grito poco convencional y con las características reminiscencias a Queen que podamos llegar a encontrar, es un single aceptable: el guitarreo incorpora sonidos característicos de discos anteriores, sin parecer demasiado atrevido como para hacer historia. La sigue el primer avance que tuvimos: Psycho, una canción destacable con su riff huérfano después de muchos años conocido por muser@s. Después de la tormenta, llega la canción comercial de turno, una pseudo-Starlight que demuestra algunas de las intenciones escondidas de la banda. Por suerte nos olvidamos pronto de ella cuando llega el mejor corte del álbum: Reapers, de la que destacamos el falsete-estribillo y los 2 contundentes solos de Matt. Digna de lo mejor de Muse, y para el recuerdo. The Handler sigue aportando toques de genialidad, quizás para difícilmente superar a su antecesora, y justo antes de llegar al segundo interludio del álbum. El primero eran cuatro gritos de sargento, éste un discurso de J.F. Kennedy, que sólo consigue engordar un poco el álbum. Por suerte después de él llega la segunda mejor canción del álbum: Defector. Interesante letra, ritmo y quizás más recordable que Reapers.

Pero amigos, allí se termina lo bueno: empezamos a escuchar una canción para nada de sonido de Muse, bastante del montón y sin mucho que aportar en un disco al que su sonido no cuaja. Si Big Freeze fue en The 2nd Law un homenaje a U2 que no era desestimable, aquí encontramos un desafortunado enconctronazo. Y hablando de U2, llega Aftermath, con un inicio muy desafortunado, recordando exageradamente a los primeros acordes de One, para desmbocar a una vergonzosa balada que de poco serviría describir más que con la palabra “desechable”. A posteriori llega otra decepción: The Globalist, el intento de hacer algo largo e impactante, la supuesta secuela de Citizen Erased, con un despilfarro de minutos lentos y un buen guitarreo que nos hace ver cómo le sobran por lo menos 3 minutos de duración. Para terminar, la peor canción de todo el álbum, un delirio de Bellamy acapella que sólo se podría haber permitido si hubiera tenido algún atractivo, y termina siendo un añadido que me ha dejado con un mal de boca destacable.

Suponemos que el álbum tiene un título adecuado, pues los drones son un elemento muy potente y útil para los ejércitos y servicios secretos (parte rock prometida por Matt), pero al mismo tiempo dicha temeraria frialdad de matar a distancia sólo moviendo un poco las manos los hacen terribles (mentiras y canciones que no tienen cabida en el disco). En definitiva, queríamos mucho rock y nos quedamos con tan sólo 10 cortes, de los cuales 4 son dignos de lo mejor de Muse, y 2 salvables para vender el álbum. No se trata de un mal disco, sino de algo que podría haber sido muy grande. Se agradece el intento, pero no el amago. No obstante, me permito el lujo de terminar con un par de preguntas: ¿se les puede pedir más, después de todos estos discos? ¿es justo que seamos tan exigentes cuando hay 4 maravillas en su séptimo álbum de estudio?

Valoración final: 6’5/10

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