Casi una obra maestra

Gregorio Morán. El cura y los mandarines (Historia no oficial del Bosque de los Letrados) Cultura y política en España, 1962-1996. Akal, 826 p. Madrid, 2014.

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El cura es Jesús Aguirre, traductor, editor y Duque consorte de Alba. Figura insólita, apasionante y troncal de esta exhaustiva y rigurosísima crónica de la vida cultural y política que va desde el llamado Contubernio de Múnich, la huelga de los mineros asturianos o el fusilamiento del dirigente comunista Julián Grimau hasta la muerte en soledad del intelectual aristócrata.

El cura y los mandarines está dividido en cinco partes más un índice onomástico. En cada bloque destaca un nombre, propio o colectivo: el escritor y psiquiatra Luis Martín Santos y su influyente Tiempo de silencio; Camilo José Cela y su largo y firme camino hacia el Nobel; la figura tan brillante como desconocida de Max Aub (muy elogiada por Morán); El País como parodia del intelectual colectivo (cita textual) y la autoridad intelectual del marxista Manuel Sacristán, una rareza en el desolado páramo cultural de su época.

La nómina de mandarines que crecieron con desigual fortuna a la sombra del poder o de otros mandarines incluye a escritores (Benet, García Hortelano, José Hierro, Vázquez Montalbán), editores (Castellet, Barral), académicos (Laín Entralgo, García de la Concha), políticos (Pío Cabanillas, Fraga, Suárez, Felipe González), periodistas (Juan Luis Cebrián, Javier Pradera) o personajes difícilmente clasificables como el profesor Aranguren o el psiquiatra Castilla del Pino.

Hay una voluntad manifiesta de huir del tópico, más aún, de desmontarlo aunque ello deje a más de uno casi en paños menores. Por eso no deja de sorprender que se refiera a un afamado crítico literario (Rafael Conte, El País) como un escritor frustrado, tópico clamoroso pues todos sabemos a estas alturas que la crítica no deja de ser un género literario.

La publicación de este libro vino precedida por la negativa de la editorial Planeta a publicar el texto, si no se suprimía el capítulo casi final dedicado a la Real Academia Española. El autor no cedió a la presión del coloso editorial y optó por publicar el corrosivo relato en una editorial más modesta y, de paso, aprovechar la promoción gratuita del suceso. Porque sin duda la principal objeción a este libro es el tono, sus salidas de tono para ser exactos. Podemos decir sin exagerar que estamos ante lo que podría haber sido, por su brillantez, extensión y rigor, toda una obra maestra en su género, si no fuera por la tendencia del autor al uso y abuso del sarcasmo más cruel y despiadado, el exabrupto hiriente e incluso expresiones homófobas. Una pena.

Valoración: 4’5/5

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