Migración de pantalla: la seriofilia

Si bien hace poco hemos accedido a una revolución tecnológica internacional que está cambiando nuestras vidas, sin entrar en valoraciones subjetivas, hoy estamos en una nueva dimensión en la TV. El mundo del cine también vive una transición, pero en este caso metamorfósica por la aparición de una criatura que ya no es anecdótica como lo fuere hasta hace pocos años: las series.

Y me diréis que las series hace años que existen, y no os faltará razón. Pero hoy en día, si nos centramos especialmente en Estados Unidos, sin olvidar como los países nórdicos están pisando fuerte. Ha habido una fuga de directores y actores cinematográficos al mundo de la pequeña pantalla, cada día más pequeña llegando incluso hasta las pantallas de nuestros smartphones. Pongamos por ejemplo el caso de True Detective, que fue protagonizada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson en su primera temporada, y por Colin Farrell y Vince Vaughn en la segunda que ya lleva 6 capítulos emitidos. Otro ejemplo: Kevin Spacey, protagonista de la sensacional House of Cards. O el caso de las adaptaciones en serie de filmes bastante conocidos: Hannibal, Fargo, Daredevil, Terminator, Gotham (pre-Batman)…

¿Quién no ha sentido esa necesidad de ver el siguiente capítulo de la serie que está viendo? Yo empecé a ser seriófilo con Game of Thrones, que casualmente se basa en una serie de libros llamados Song of ice and fire. Estamos hablando de los cliffhangers, popularmente conocido (también en el mundo del marketing) como “el gancho”. Lo que no tenemos en cuenta es que ya hemos pasado un poco de lo que fue la gran arma de las series, lo que antes se necesitaba para que la gente no cambiara el canal. Ahora tenemos series tan completas que el cliffhanger como mucho lo encontramos al final de la temporada.

Démonos cuenta de la importancia del mundo 2.0 en nuestras aficiones audiovisuales: tenemos un poder de la información enorme, eso sin tener en cuenta la piratería. Una de las razones por las que las series triunfan es porque siempre queremos más, porque más es más. Porque el día siguiente a la emisión de un capítulo de Breaking Bad ya corríamos a verlo en nuestros salones u ordenadores. Devoramos. Canales como Netflix, por ejemplo, nos lo ponen todavía más fácil: en éste caso concreto, hay un día de lanzamiento de la temporada entera, para verla cada uno a su ritmo. Y al mismo tiempo es una gran arma contra la piratería, añadiéndole un precio bajo (en España su precio será de 8€/mes).

Uno de los elementos que más me atraen de las series, y que difícilmente pueden aportar los filmes de la misma forma, es la evolución de los personajes. Comparemos nuestros personajes favoritos de las series que más hayamos disfrutado, contrastémosles entre la primera y la última temporada. O entre el primer capítulo y el último de cada temporada. No niego que en un buen filme se pueda hacer impactar al espectador con sus personajes, y menos en filmes que tengan más de una parte. Las subtramas que aportan muchas series ayudan a los directores de series para hacer que dichos personajes evolucionen doblemente incluso dentro de un capítulo. Una paradoja, pues lo habitual en una serie, como bien sabréis, es que la duración sea de 45 minutos por entrega.

Y para terminar, otra teoría que me gustaría aportar es el equipo técnico capítulo tras capítulo. El ejemplo perfecto y más rompedor es Black mirror, la famosa serie británica que proponía capítulos totalmente diferentes des de actores a directores, con el hilo conductor crítico con la nueva y futura era tecnológica. Tenemos también un montón de series que reciben colaboraciones e interpretaciones puntuales o constantemente cambiantes, y eso les permite ser menos previsibles y más impactantes a nuestros ojos. Véase la aparición puntual de Dean Norris en True Blood, el protagonismo de Lady Gaga en American Horror Story o la dirección de Jodie Foster en un capítulo de House of Cards.

La evolución de Walt y Jesse en Breaking Bad

Estamos en una nueva era cultural, donde el cine ya no es un producto que se disfruta en salas (ups, otra teoría en favor de las series), pero las series todavía se disfrutan en el televisor, ése sin embargo Poltergeist, pero con todavía nuevas alternativas en los SmartTVs, que esperamos no se conviertan en la nueva dictadura comercial que sigue acechando en otras disciplinas culturales.

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