Noticiario paradójico.

Reportera húngara pone la zancadilla a un inmigrante y su hijo. Reportera húngara agrede a emigrantes sirios. Reportera húngara se establece como paradigma de la situación ambigua europea. Reportera húngara ejemplifica la partición ideológica de la UE respecto a la entrada masiva de exiliados sirios. Etcétera y etcétera. Y mientras, el racismo, como mimesis del negacionismo, sigue más vivo que nunca. Merkel intenta alcanzar la redención de una Alemania aún sensible y avergonzada de su latente pasado y de su historia, como si fuera un gran volcán en plena actividad. En el momento de la redacción de este artículo de opinión, por cierto, Hungría ha cerrado sus puertas a más refugiados.

P

Se dice no existe prejuicio alguno, sino realismo metafísico y sentido común. Y una mierda, y sino que se lo digan a Ahmed Mohamed, un joven y brillante estudiante que fue arrestado en Estados Unidos y acusado de terrorismo cuando tan sólo usó su creatividad para manufacturar un reloj casero, objeto que fue confundido por un artefacto explosivo que pretendía regalar a su profesora por tal de impresionarla y a quien también sorprendió fue a la policía. Hablamos, claro, de los USA de la casi-libre circulación de armas de fuego, allí donde el número de tiroteos se confunde con los partidos que se juegan en la NBA por semana. Por cierto que ayer mismo fuimos testigos de otra tragedia de este calibre.

Luego están los medios, que antes de la periodista húngara, se recrearon con la foto de un niño muerto en costas helénicas. La fuerza mediática es tan intensa y encarnizada que consigue incluso la entrada y acogida de la víctima de la reportera satánica y su familia al estado español, y se olvida uno de los millones de “otros” refugiados anónimos cuyos campamentos y asilos son agredidos cada día en el centro de Europa.

Sin ir más lejos, Catalunya ha decidido en inflamables urnas sobre su futuro. Una región condenada a la comparación reiterada con el nacionalsocialismo hermético de Hitler. Pues se ve, por contra, que muchos extranjeros residentes en Catalunya se sienten más cerca de los catalanes que de sus vecinos. Inclusive, el programa de integridad social en esta región es modélica, pero eso para algunos es intrascendente, ya que somos pueblos salvajes y tachados de bárbaros anticonstitucionales por la derecha española, la mayoría de la cual, por supuesto, asiste a la plaza de toros los domingos y aplaude la cruel muerte del reino animal.

En Grecia, cuna de la democracia ideal, siguen proliferando los partidos próximos a la xenofobia y el lado más oscuro de la política ultra-nacionalista, que reman tranquilamente por un país con agua estancada.

Reman como el equipo americano que participó y se llevó el oro en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, que no sólo venció a la raza aria con la que se jactaba el Führer, sino que también incluía un timonel de sangre judía.

Felipe Gonzalez sigue haciendo de las suyas, diciendo lo que le place o paseando por Sudamérica mientras juzga con aires de grandeza, con mirada de conquistador y sembrando semillas mercantiles; pero muchos se han olvidado ya su historia con los GAL: terrorismo (de estado) contra terrorismo, paradoja que puso fin a su prometedora carrera política.

Y para carrera, la que ganó Jesse Owens, que se llevó también el oro en las de 1936. ¿Dónde está la paradoja? Owens era de origen africano, hecho que supondría la segunda humillación deportiva del Tercer Reich.

El papa más progresista, dícese, que ha pasado por el Vaticano establece un tipo de ultimátum y determina un período temporal para aceptar toda confesión del aborto a las embarazadas y ofrecer la absolución de pecado durante el Jubileo de la Misericordia. También sigue condenando con brío la homosexualidad.

Si me pidiesen ahora mismo definir esta nuestra sociedad “occidental” y “moderna”, lo haría en base de paradojas. De hecho, es la explicación de los acontecimientos de buena parte del mundo más lógica. ¿Me acusarían también de apología al nazismo? En cualquier caso, voy a ver la televisión, donde Mariano (aka “Y la europea”) Rajoy habla a ritmo soporífero. Ese sí que es una paradoja, y no el barbero de Russell.

Ante la pregunta ¿Cómo definiría el término 'Paradoja'? formulada al Presidente Mariano Rajoy, éste respondió con un contundente

Ante la pregunta  de cómo definiría el término ‘Paradoja’, formulada al Presidente Mariano Rajoy, éste respondió con un contundente “¿Y la europea?”.

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