Albert Rivera, Presidente de España.

Ciutadans ha sido uno de los ganadores en las pasadas elecciones catalanas. La formación naranja se ha quedado cerca de triplicar el resultado de los comicios del 2012. Sea cual sea la situación, cualquier simpatizante debería sentir este resultado como una victoria, un logro hacía un futuro con grandes resultados para su partido y, paralelamente, un aumento del peso político de esta formación. Bueno, al menos esta es la lectura que ha hecho parte de la prensa española y que provocó un frenesí despampanante en la cúpula directiva del partido de Albert Rivera. Pero, ¿Estos resultados son extrapolables a las próximas elecciones del 20D? ¿Esta victoria ha sido, simplemente, flor de un día o el punto de inflexión del bipartidismo español?

Para entender este espectacular resultado no podemos olvidar la singularidad de los comicios catalanes. Artur —que no Arthur— Mas definió el marco conceptual que convirtió las elecciones en un plebiscito. Los catalanes no sólo estaban eligiendo un gobierno autonómico, sino que decidían qué relación querían mantener con España: seguir siendo una comunidad autónoma o ser un país independiente del estado español. Aunque algunos partidos tenían propuestas intermedias —federalismo, “dret a decidir”— la dicotomía dominante era elegir entre independencia o no-independencia. Esta singularidad ha provocado unos resultados variopintos de los cuales se pueden extraer unas conclusiones que, a mi parecer, no puede negar nadie: primero, que la “cuestión catalana” sólo ha hecho que empezar. No ha ganado rotundamente, pero tampoco ha perdido; y segundo, que los paridos tradicionales —PP y PSC— han perdido peso.

Resultados de las elecciones catalanas en escaños

Ciudadanos ha sabido aprovechar esta peculiaridad y ha absorbido parte de los votos trásfugas del PP y del descontentamiento de la población catalana que no quiere la secesión. He aquí la cuestión: muchos de los nuevos votantes de Ciutadans han sido personas que no quieren la independencia de Catalunya y por no votar al PP —que nunca ha gozado de una posición de privilegio dentro del Parlament—  se han decantado por Inés Arrimadas. Sin más. Aquella recriminación a Mas, por esconder detrás del “full de ruta” el verdadero plan económico-social que seguirá el partido, ha ayudado a la formación naranja a que no se preste atención a su propio ideario. El partido de Albert Rivera no deja de ser de centro-derecha con una política fiscal laxa, unas medidas económicas neoliberales y una posición ambigua en temas que son motivo de grandes desacuerdos entre los ciudadanos —aborto, ley de inmigración, eutanasia, etc. Un ejemplo ilustrativo: En Hospitalet de Llobregat, una población con un índice elevado de habitantes de clase trabajadora y con tradición socialista, ha ganado Ciutadans con un 23% de los votos. En las elecciones del 2012 ganó el PSC con 21% de los sufragios y C’s obtuvo un discreto 10%.

De la misma forma Podemos, asimilado en las filas de Catalunya sí que es pot, ha obtenido un resultado defraudador. Este no se debe a que Podemos ya no vaya a hacer nada, que haya perdido fuelle y este a la deriva junto a la República Catalana —o al menos esta es la visión de algunos personajillos de la derecha—, sino que no haberse definido tajantemente como partido a favor o no de la independencia y una mala estrategia de comunicación y nombramiento de las caras visibles durante la campaña ha producido una efecto negativo en los resultados en el plebiscito catalán.

En las elecciones del 20D hay también mucho en juego. No sólo se formará un nuevo gobierno central, sino que será nombrado un gestor decisivo en la dilemática catalana y el futuro de España, como país tal y como ahora lo conocemos. No soy muy amante de las encuestas, y sí lo soy de la acción y del compromiso. El cambio, en Catalunya y España, debe empezar ya. De lo que estoy tan seguro es de si formaciones de derechas pueden cambiar las cosas, al menos, cambiarlas a mejor. Ciutadans —Ciudadanos para el resto de España— es una reformulación de la derecha, algo más progresista o cercana, pero teñida siempre por el manto de la legalidad y de la economía por encima de la legitimidad y el bien común. No sé quién será el presidente de España el próxima año, pero dudo que lo sea el eufórico naranjito Albert Rivera.

Artículo cortesía de Héctor Mora Barranco, fiel compañero de divagaciones mentales y Graduado en Filosofía en la Universitat de Girona. Otras colaboraciones aquí y aquí.

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