Cómo veo el stop de una leyenda (en este mundo)

Hace unos 7 años me adentré en el legado de un artista -probablemente demasiado tarde. Un artista con todas las letras. Alguien que derrochaba imágenes, estilos, influencia y sobretodo talento. Alguien que nació en los 50 ni tampoco murió. Alguien que de hecho no merece ser llamado alguien.

Él, que estaba en las estanterías de discos en mi comedor, donde mi madre no pudo evitar hacerle más de un hueco -pese a no haberse adentrado en su obra lo suficiente como para admirarle como lo hacemos ahora- y ahora se han subido a las estanterías de mi colección personal, en la cual ya sólo hay CDs que compro por respeto y adoración.

Él, al que me permito culpar del tanto azúcar que encontráis en este escrito -sin que inaugure una rutina en mi inútil verborrea digital. Él, que ha estado siempre presente en muy buenas partes de mi vida: el primer concierto que asistí de una banda que adoro (U2) con su odisea espacial al acceder al escenario, el festival de música que tanto disfruté de ídolos (Radiohead, The Cure) con un gran amigo, amigo al cuál podemos añadir algunos más -y muy buenos- que ya se darán por aludidos y Berlín, esa ciudad que cada vez que visito sé que volveré a visitar -más sabiendo la creación de la que ha sido partícipe en Su obra.

El que me ha hecho entender por primera vez lo que es un artista: aquél que tiene una fórmula perfecta y cómoda, pero que renuncia a mantenerla. El que te toca un montón de instrumentos, se ríe del mundo cuadrado y conservador con su andrógina condición, crea un embrión de las actuales redes sociales, permite de forma pionera a sus fans participar de su creación artística, y hace rendir al mundo de la música a sus pies.

Y sobretodo, el que sabiendo que su vida probablemente terminará, decide rodearse de nuevos músicos y otros ya conocidos para hacer un último disco nuevamente diferente, más relajado por la marcada presencia jazzística. Quien solo para de crear por morir en el mundo terrenal.

El artista, Él, el que ha significado todo esto no es nadie más que un Ziggy, un duque blanco, una blackstar, un camaleón. Quien ya me ha dejado más vacío, con ése sentimiento real del que os podéis reír con sana legitimidad, pero allí seguirá. Hasta siempre, David Bowie.

david-bowie

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