Irlanda: brío, júbilo, panorama

Si anteriormente tratamos de entender la cultura y antropología irlandesa, esta vez toca entender la oferta de atracciones turísticas y/o susceptibles a ser visitables por cualquiera que se aventure a pasar por la isla Esmeralda. En mi caso, esta vez os presentaré una visión diferente de la que puede parecer una mala época para visitar la isla… si solo nos centramos en el clima. Sin embargo, hay que decir que la tranquilidad y conexión en un país donde apenas hay turistas en invierno, no me pareció para nada desagradable. De hecho, nosotros no nos encontramos con ningún turista fuera de Dublín.

Uno de los contras de viajar a Irlanda en temporada baja es que entre setiembre y febrero muchos museos, ferries y negocios están cerrados. Al mismo tiempo, las carreteras están mucho más relajadas sin los típicos autobuses que hacen tours por las carreteras irlandesas. Es un hecho que ir en coche por Irlanda es la mejor forma de ver el país: ir al ritmo deseado, no depender de horarios concretos, poder parar donde uno desea sin importar cuánto lo ilustren las guías de viajes. También es recomendable ir un poco más despacio de los límites, pues a menudo las carreteras llegan a límites de 100km/h y son estrechas sin arcén y pasan todo tipo de vehículos. Paradójicamente, es muy habitual encontrarse señales “slow down” en el asfalto cerca de escuelas (“school ahead”) o en curvas y zonas concurridas.

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Cong Abbey, una de tantas católicas abandonadas en todo Irlanda

Paradojas y ovejas

Esta paradoja se puede sumar a otras de las que el país está repleto, como por ejemplo la tecnología: es muy habitual encontrar wifi en casi todas partes, tiendas y espacios, pero uno difícilmente encuentra enchufes para recargar sus dispositivos y no es una sociedad muy determinada en seguir siempre los últimos avances. ¿El efecto pub? En el aspecto gastronómico, no encontramos ningún sitio donde se vendieran/produjeran quesos de oveja… y no faltan de ellas en Irlanda. Sin embargo es importante tener claro que las granjas en esta época del año están cerradas e igual no producen lácteos.

Sigamos destacando las ovejas, pues es muy habitual verlas en cualquier parte: campos cerrados, montes “imposibles de trepar”, fortalezas antiguas… excepto en las ciudades, claro!

Detalles en carretera

Es muy habitual encontrar casas habitualmente con aspecto de domicilio privado y un cartel de B&B, bed and breakfast. Eso se debe a que en otras épocas menos frías del año hay excursionismo y probablemente peregrinaje que aprovecha la convivencia con esas familias para dormir. No creo que solucione la vida a las familias, pero es una ayuda, que incluso podría combinarse en algunos casos con lo que nosotros conocemos como agroturismo y turismo rural.

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L@s omnipresentes corderos y ovejas

Muy habitual es también encontrar tiendas en las carreteras, que curiosamente todas son “las mejores del país” en su respectivo producto, siempre artesanal. Eso sí, la mayoría cerradas, y más de una con servicio de cafetería. En todas las estaciones de servicio o tiendas cercanas a destinaciones turísticas hay cafeterías o máquinas de café, igual que en los coches un par de huecos para poner el vasito “coffee/tea to go”.

Las penínsulas de Dingle y Kerry

Empezamos por Tralee cruzando la isla desde Dublín, pues las combinaciones aéreas en otras ciudades son bastante más difíciles y a menudo implican escalas. Justo al principio de la península de Dingle, nos sumergimos por primera vez en el agradable ambiente del pub Sean Og’s, música y agradable barman incluidos. Descubrimos que en el norte de la península hay mareas dos veces por día, y con esos paisajes increíbles, pueblecillos pintorescos y la capital Dingle, coronan el tramo que más disfrutamos del viaje. Muchas tiendecillas artesanales, dos pubs muy agradables con música incluso por las mañanas, y una marca de helados artesanales Murphy’s -que ya sigue la curiosa moda de añadir sal, de la misma península, en alguno de sus helados-.

La península de Kerry es mayor en tamaño y justo un poco al interior hay el Parque Nacional de Killarney. Es en Killarney ciudad donde nos alojamos un par de noches para encontrar en primer lugar el pub Grand’s con música tradicional: un violín, una guitarra acústica, dos acordeones y alguna voz generan muy buen ambiente hasta que una boyband nos recuerda la evolución de la música comercial y nos retiramos.

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Ross Castle

El parque nacional además de contar con varios lagos y especies animales y vegetales increíbles -recuerdo la sorpresa de mis compañeros de viaje en ver el musgo cubrir árboles enteros-, cuenta con tres atractivos recomendables: el monasterio (Muckro’s Abbey) abandonado, la casa señorial de Muckro (propiedad de las familias Herbert, Guinness, unos californianos y actualmente el pueblo irlandés) y el castillo Ross con el lago que lo rodea. Pero dejo lo mejor para el final, pues cerca del parque hay el Gap of Dunloe, una preciosa valle de la época glacial donde pasando con el coche nos pareció haber viajado en el tiempo y estar en medio de un paisaje de Game of Thrones.

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Del Ring of Kerry, podemos destacar especialmente Cahersiveen. En esta localidad encontramos un interesante y bucólico entorno. Su castillo y fortalezas de los siglos IX y X lo hacen importante históricamente. Justo al noroeste de la península hay la isla de Valentia, a la cual pudimos acceder por el puente de Portmagee, aunque francamente el atractivo no fue más que las vistas hacia la Bahía de Dingle.

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Justo al punto más occidental de la península, encontramos el Ring of Skellig, a tocar de las islas Skellig, Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO (donde se grabó la última secuencia de “Star Wars VII: el Despertar de la Fuerza”). La mejor parte de la península, pues sus vistas son continuamente impresionantes, con vistas a acantilados y las dichas islas que no pudimos visitar en esa época y clima.

Glengarriff-Cork

Glengarriff es una parada B&B, aunque interesante encontrar el pueblo más “fantasma” de nuestro recorrido irlandés: sólo encontramos 2 pubs, un restaurante chino (el cual se empeñaba en no recomendar el recepcionista, pues era su única competencia gastronómica) y nuestro hotel. Sí, no era hostel pues en esa época no es muy fácil alojarse en esa zona. Cenamos al restaurante chino por un módico precio y un buen plato.

Kinsale es un pueblo muy conocido y un poco sobrevalorado en cuanto a sus atractivos, pues no me parece el más pintoresco si lo comparamos con localidades como Cahersiveen o Dingle. Damos un paseo y me quedo una lapa atlántica que localizo en una cabina telefónica -una de las tantas cabinas que se encuentra uno en Irlanda-.

En Clonakilty encontramos muchas más casas y un pub premiado en 2003 como el mejor del condado de Cork. Tiene unas cuantas zonas especiales, destacando una especie de invernadero con varias plantas y enredaderas, además de un montón de retratos y artículos indígenas e instrumentos tradicionales omnipresentes. El camarero nos explica que la playa es la más frecuentada de Irlanda… para los que se atreven a bañarse.

Cork es otra historia: allí empecé a aprender inglés in situ en una de esas desaparecidas becas del Ministerio de Educación, y es importante situarlo cronológicamente: pre-Wert. Uno de los rincones más bonitos es el pub The Oliver Plunkett y algunas tiendas de caramelos y chucherías tradicionales. Pese a ser la segunda ciudad de Irlanda (republicana), no es la destinación más entretenida de la isla. Eso sí, antes de ir a dormir nos perdemos nuevamente en otro pub lleno de ancianos locales, unos más ebrios que otros, uno ya preparando el puro, con los cuales conversamos mientras una televisión ofrece actuaciones en directo de los Eagles, apenas dos semanas después de la muerte de su líder.

Dublín

La capital, la cuna más vikinga de Irlanda, la ciudad donde la música nunca descansa, el origen de la exportación de Guinness… No hay por donde definirla. Lo que tuve muy claro es que es una ciudad muy ecléctica. Amsterdam, Estocolmo, Londres… todas tienen alguna cosa en Dublín. Si bien el ambiente no es el mismo que en la mayoría de pueblos y ciudades irlandesas, sigue habiendo ese aspecto familiar y empático.

El primer día ya quisimos pasar por Temple Bar, justo antes de reencontrarnos con Marc y Carles para cenar en Fitzgerald’s estofados y Guinness-pies y inaugurar la expedición dublinesa de 4 intensos días. Nuestro pub favorito enseguida fue el Gogarty’s, día y noche con conciertos en uno de los 2 pisos de música, danza y carísimas pintas (6-7€  todas las cervezas). No solo el pub, sino el barrio del centro, Temple Bar, nos brindó una genial sensación de fiesta y joya infinita las 24h del día… ¡invierno incluido!

El día siguiente fuimos con Marc al Irish Rock’n’roll Museum, donde por 14€ nos hicieron una visita guiada muy recomendable por una serie de salas: backstages, paredes llenas de discos grabados allí y sobretodo el estudio de grabación, también con material de Windmill Lane. Por allí ha pasado Ronnie Wood (The Rolling Stones), Will.i.am, Eminem, Kanye West, David Bowie y especialmente Thin LIzzy dejando su memorabilia. Allí hay bovinas de los antiguos aparatos de gravación de discos como Ultra (Depeche Mode) o Achtung Baby (U2).

Muy interesante fue también el FreeTour que Guille nos ofreció (pagando la voluntad en terminar las 3 exhaustivas horas de visita por la ciudad). Terminamos tocando los pechos de Molly Malone para certificar que volveríamos. El día siguiente vimos el Tall Ship Famine. El barco Jeanie Johnston acogió tanta gente en la época de pobreza y emigración irlandesa (especialmente a EEUU), que la población se redució hasta dos millones de personas, incluyendo también muchísima mortalidad.

La fábrica de Guinness fue otro de los grandes puntos que visitamos en Dublín. Una interesante, moderna y didáctica destinación que hace justicia a la importantísima huella que tiene la cerveza de la poderosa familia -también de los récords- en Irlanda y el mundo. Para terminar, diploma por saber servir Guinness y pinta incluida en los casi 20€ de ticket.

Galway-Moher-Connemara

Si Galway no tuvimos mucho tiempo de descubrirlo (quién sabe, quizás hubiéramos encontrado nuestra particular Galway girl), más allá de ciertos parecidos con otros pueblos y ciudades de nuestro recorrido, algún pub con su atractivo ambiente y una buena selección de tiendas tradicionales, lo más impactante estaba al acecho: los Cliffs de Moher.

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Dichos acantilados, acompañados de un centro de visitantes construido en el interior de unos montes al más puro estilo Hobbit, pueden llegar a 200 metros y han sido uno de los elementos más adorados por turistas y turistas que lo han visitado. No habíamos visto nunca un mar tan agitado y unas olas tan altas que en uno de sus puntos, el viento impulsaba el agua por los caminos que bordeaban la parte con sus vistas más impactantes. Como los mismos irlandeses dirían, breath-taking.

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El último punto del recorrido fue el Parque Nacional de Connemara. Un poco más al norte de Galway, tiene unos bonitos paisajes y la bonita localidad de Clifden. En dicho pueblo, las tiendas aprovechan la temporada baja para el mantenimiento, especialmente en pintura. Entramos en una de las pocas abiertas, y nos avisan que tengamos cuidado con la parte pintada en el fondo. Eso sí, ningún problema por comprar sus artículos en venta. Antes de llegar a la zona más destacable del parque, pasamos por Maan Cross, con un cierto parecido a Gap of Dunloe (Kerry), pero más pequeño y menos impactante.

No dejó de sorprenderme la oferta visitable de esta isla, de la que solo vimos la mitad sur. Me sentí como una de esas tranquilas ovejas y corderos, uno de esos tranquilos ancianos visitando sus pubs habituales con su pinta de Guinness/Beamish/Murphy’s/…, uno de esos remotos pueblos integrados en la inmensa extensión verde de paisajes aventados, húmedos y fríos donde tantos filmes como Ryan’s daughter o the Quiet Man han sido rodados. Céad Míle Fáilte!

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2 responses to “Irlanda: brío, júbilo, panorama

  1. Retroenllaç: Irlanda anecdótica | Pantalla Abierta·

  2. Retroenllaç: ¿Irlanda Made in USA? | Pantalla Abierta·

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