¿Irlanda Made in USA?

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Una de las cosas que más me sorprendió de mi reciente viaje, destinado a descubrir Irlanda, fue que este país sufra o goce de tanta dependencia cultural, moral, política e identitaria de los Estados Unidos. Por sus símbolos, mensajes y gestos lo acabas deduciendo bien pronto. Y me sorprendió porque se trata de un nivel de influencia norteamericana que no he encontrado en ningún otro país europeo. Posiblemente se entiende mejor cuando se reflexiona sobre la situación y la historia del país, ya que por un lado Irlanda es el país más cercano geográficamente a Estados Unidos y por otro lado Gran Bretaña ha ejercido sobre Irlanda una dominación y represión política tanto, o más nefasta, que la que Cataluña ha sufrido, y sufre, por parte de España. Por ello me temo mucho que Gran Bretaña actúe de tapón referencial entre Irlanda y Europa. Valga como ejemplo recordar que cuando Irlanda sufrió su larga hambruna durante el siglo XIX fueron los EEUU, y no Gran Bretaña, quien le abrió sus brazos. Y, fruto de ese flujo migratorio, es posible que actualmente residan más “irlandeses” en los Estados Unidos que en la propia Irlanda. De esta manera se han ido creando muchos más lazos irlandeses con los EEUU que con Europa. Y eso se nota tan sólo paseando por sus calles pues por cada bandera de Europa encuentras entre quince y veinte de los Estados Unidos. Pero las calles y establecimientos irlandeses ofrecen muchas más pistas en este sentido: yo no he visto en ninguna ciudad europea ni más “homeless” ni más jeringuillas empapadas de heroína que las que he llegado a contar en las calles de Dublín.

¿Podríamos considerarlos parte de este imaginario norteamericano que se ha ido afincando en Irlanda?

Quién sabe.

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Pero hay más cosas a comentar. He encontrado en sus librerías algunas postales históricas que reflejan sin pudor como hace menos de treinta años los scouts irlandeses aún desfilaban militarmente por sus calles. Pero esa glorificación infantil de lo militar no se acaba ahí. Durante este viaje, Dublín también festejaba el centenario del “Levantamiento de Pascua” que desembocó en la liberación nacional del país. Pues bien, para celebrarlo su ayuntamiento promovía que algunos niños manipulasen armas de fuego y se disfrazaran de militares por las calles… sin importar que nos encontráramos ya en el siglo XXI. Y aún hay más: cuando visité alguna de sus escuelas descubrí unas fotografías murales que homenajeaban la entrega de la bandera nacional a los alumnos, una entrega que se realiza periódicamente por parte de oficiales del ejército irlandés. Y qué queréis que os diga: toda esta militarización de la infancia no deja de recordarme los valores ultramilitaristas y violentos con que se suele contaminar el cerebro de los niños y niñas norteamericanos.

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Otra cosa que me hizo dudar sobre si me encontraba en un lado o en otro del Atlántico fueron las fotos de Kennedy y John Wayne que decoran las paredes de ciertos pubs. O como se tiran a la papelera millones de envases y cubiertos desechables. O como se consumen toneladas de azúcar. O como ciertas personas de la tercera edad han de sobrevivir ganándose unos euros a costa de dejarse colgar un cartel de propaganda comercial sobre el pecho y otro sobre la espalda, mientras recorren las calles bajo el viento, la lluvia y el frío. O como los miembros del Ejército de salvación y de otras organizaciones no gubernamentales han de pedir limosna en la entrada de los grandes almacenes para financiar sus programas asistenciales. Se trataría de una prueba de como este país, igual que su espejo americano, prima más más la caridad que la intervención social? Pues no me extrañaría, ya que los irlandeses se suelen mostrar casi tan hipernacionalistas, conservadores y religiosos como los norteamericanos.

Sin embargo, quisiera creer que Irlanda no absorbe de Estados Unidos: tan sólo su cara más oscura. En este país también me he encontrado con la librería de segunda mano más grande de mi vida y con la biblioteca infantil más inmensa que jamás haya visto. O que cuando hables con un policía este te tome del brazo y te mire a los ojos, que los peatones recojan las bicicletas del suelo cuando el viento las tumba, que las dependientas te dejen salir a la calle a probarte una prenda, que los comercios no estén diseñados para que no te escapes sin pagar o que sus museos públicos sean gratuitos.

¿Serán todas ellas influencias positivas de sus amados Estados Unidos?

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Me encantaría que así fuera, pues si por un lado yo quisiera creer que Irlanda no es un país made in USA, también admito que tienen todo el derecho a serlo… sin dejar de desear que copien tan sólo lo bueno y mejor de los Estados Unidos.

Para ampliar mis reflexiones propongo releer las tres aportaciones que ya ha editado en este mismo espacio uno de mis compañeros de viaje.

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