House of Cards: villanos con estilo (y poder)

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Odia los niños. Banaliza la atracción de muchos por el dinero. Es sagaz. Su única posible debilidad es su absoluta ausencia de escrúpulos. Sus peores enemigos, dice, son sus amigos. Odia la necesidad biológica humana de dormir. Nunca da un paso adelante sin que ello le aporte un resultado. Su mejor estrategia es querer justamente lo contrario de lo que los demás creen que quiere. Es el nuevo villano favorito de las series. Y cada vez que mira a cámara, bromea Spacey, le habla a Donald Trump. Es Frank Underwood.

La democracia está tan sobrevalorada…”

La cuarta temporada de House of Cards (Netflix) termina (no es spoiler, tranquilidad) con cuatro ojos mirándote a la cara, manifestando la más cruda de las declaraciones en el mejor ingrediente de la serie: el backstage de la política siempre deliberadamente escondido de los ciudadanos. Pero eso, adicto a la obra maestra de Netflix, ya lo sabías. Cada año los dientes nos quedan largos con un cliffhanger de gran calidad, aunque en HoC pasa prácticamente en cada capítulo.

El poder es muy parecido a la propiedad inmueble. Todo se basa en la localización, localización, localización. Cuanto más cerca a la fuente mayor es el valor de tu propiedad”

Razones para someterse a una nueva addicción

Ya hace 4 años que empezaron a sonar las composiciones de Jeff Beal en casa. Me doy cuenta que des de Breaking Bad (AMC), y con permiso de Hannibal (NBC), no había tenido una addición tan fuerte por una serie. ¿Será culpa del sistema Netflix? Lo dudo. En una serie que sin Kevin Spacey no se hubiera hecho jamás (Beau Willimon, su creador, dixit). Con capítulos dirigidos (entre otros) por pesos pesados como David Fincher, James Foley, Robin Wright o Jodie Foster y grabada mayoritariamente en unos almacenes de Maryland, encontramos una capacidad inherente de destripar en dos partes la política del por-lo-menos-polémico país norteamericano: un análisis del funcionamiento de la política estadounidense, la visión pública de ella y su cobertura en los medios por una parte, la realidad en las argucias utilizadas at any price y la sed de poder en el matrimonio Underwood.

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Frank y Will Conway

Si nunca hiciéramos lo que no deberíamos hacer, nunca nos sentiríamos bien haciendo las cosas que deberíamos hacer”

Pero, ¿qué es este castillo de naipes? Es una serie que se basa absolutamente en el cómo, lo de menos es el qué. Si en estos momentos estás preguntándote cuán lejos ha llegado ya Frank Underwood, vas a encontrar un símil en el origen de la serie, que ha hecho un recorrido de casi 500 años: la británica serie original del mismo nombre se inspiró en la maquiavélica ascendencia al poder de la obra teatral Richard III, de Shakespeare. Exportándolo a la actual Casa Blanca, donde están en plena campaña electoral, uno siempre se tendrá que preguntar, repetimos, el cómo y no el qué. En ocasiones se ha acusado a esta serie de previsible. No seré yo quien lo niegue rotundamente, pero sí voy a decir que esas siempre intrigantes miradas a cámara son los chorros de oro de los guionistas.

Para aquellos que escalamos la cima de la cadena alimenticia, no puede haber compasión. Hay una sola regla: caza o sé cazado”

Devil’s in the details

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Maquiavélicos

Un gran hombre dijo una vez que todo se trata de sexo. Excepto el sexo. El sexo se trata de poder.”

Uno de los aspectos más interesantes de la serie, que debiere ser todavía más comentado, es la sacra unión de Frank y Claire. Una unión donde los teóricos límites de un matrimonio se pueden vulnerar, pues tienen siempre un razonamiento consentido y sano. Una unión que trasciende los límites aparentes en un matrimonio, pues no hay secretos a esconder ni pasos decididos por ambas partes (ya sean personales o profesionales). Frank (o Francis, de la boca de Claire) es un personaje que adora a su esposa tanto como al poder. Y viceversa. Para poner una guinda en ese para muchos venenoso pastel, un guilty pleasure, ambos consiguen mantener una inquebrantable compostura gracias a esa correspondencia en el objetivo de su siempre evolutivo propósito.

El dinero es la mansión en Sarasota (Florida) que empieza a desmoronarse al cabo de diez años. El poder es el antiguo edificio de piedra que se mantiene en pie durante siglos. No puedo respetar a quien no ve la diferencia”

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LeAnn Harvey (manager de campaña), Doug Stamper (jefe de personal), Claire Underwood

En paralelo al argumento principal de la serie, la conquista de la Casa Blanca, hay un cocktail de otros elementos que le aportan lo que para mí completa una perfecta colección analítica del scenario estadounidense: una redacción del Herald y las noticias (especialmente de CNN) ambientadas a la perfección con la evolución argumental de la serie, un ex-amigo de Frank que nos recuerda un poco a Monsanto, un escritor que consigue ser de los pocos que se acerca mucho a conocer la realidad de los Underwood, un presidente ruso (encarnado por el hermano de Hannibal) que no difiere mucho de Putin (iniciales incluidas), familiares alejados como precio a pagar por la carrera de fondo hacia el poder, plataformas para analizar hasta el último detalle los votantes, un grupo terrorista que no deja de ser la Daesh con otro nombre…

El único problema del sentido común es ser tan común”

Lo mejor de todo, amigos seriófilos, es que House of Cards no deja de ser un análisis que no costaría mucho interpretar en cualquier otro país. Cuando se le preguntó a Kevin Spacey si pensaba que el argumento de la serie exageraba un poco la realidad, él afirmaba que a veces se lo preguntaba; sin embargo, una vez miraba las noticias en su televisor, pensaba justo lo contrario. La realidad siempre supera la ficción. Y no es un tópico.

– Podemos trabajar con miedo

– Sí, podemos […] Así es. No nos rendimos al terror. Hacemos el terror.”

Podríamos analizar temporada por temporada, pero eso sería desvelar demasiado contenido. Lo mejor es dejarse sorprender por el televisor y visionar estos (hasta ahora) 52 devorables capítulos. Y esperar a la quinta temporada, probablemente estrenada el marzo de 2017.

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One response to “House of Cards: villanos con estilo (y poder)

  1. Retroenllaç: Shakespeare i Frank Underwood | Pantalla Abierta·

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