Cosas extrañas que hacen de Stranger Things una serie extraña

Netflix lo ha vuelto a hacer. Ha tocado el éxito una vez más. En esta ocasión, el tanto se lo debe a la espectacular i novedosa Stranger Things, escrita y dirigida por los hermanos Duffer, y que promete ser una de las revelaciones del año seriefilo, si no lo es ya. Se trata de una odisea de ciencia ficción, con pinceladas de novelita noir, donde nada es lo que parece. Sin abandonar la esencia del género, para los más puristas, los creadores de esta maravilla audiovisual de 8 capítulos han conseguido propulsar una propuesta diferente, endemoniadamente original y con personalidad única. La trama, vertiginosamente adictiva, es irreprochable. Y otra cosa, el opening, que pasará a la posteridad y al salón de la fama de las entradas en escena. Pero eso no es todo. Aquí van algunos de los axiomas que la convierten en el must be watched de la temporada.

La historia de cuatro preadolescentes atrapados en el mundo del rol y a punto de alcanzar la pubertad no es algo muy intenso, de acuerdo. Además, en seguida se introducen en el paisaje monstruos, desapariciones y asesinatos. Y por supuesto, el componente conspiranoico, latente en la idiosincrasia yanqui tampoco falla en una cita como ésta. Visto así, lo reconozco, puede no parecer la gran serie del año. Quizá sea hasta ofensivo a día de hoy, donde el imperio de la series ha ascendido al limbo mediático y amenaza con usurpar el trono al séptimo arte. Aquí, precisamente, reside la responsabilidad de Stranger Things; aquí descansa su mérito, su verdadera razón de ser.

Porque partir de una trama que se antoja simplona a primera vista, pero que acaba con un resultado tan complejo y enrevesado, lleva trabajo. Los personajes, todos, son impecables. El reparto es una de las grandes bazas de Stranger Things. Gracias a una brillante selección, la cosa les ha salido redonda. Es cierto que se juega un pelín con los tópicos, pero quién no cae en la trampa hoy en día. En la serie, además, se incluyen el poli duro pero bonachón, los niños traviesos, las madres preocupadas y los hermanos salvadores.

El argumento también le debe mucho a la estética. Aquello que debería ser primordial en una pieza audiovisual, parece que a veces se aparta para sucumbir ante los efectos especiales. Pero la estética es algo muchísimo más profundo que los reconocidos “efectos especiales”. Me refiero a que la estética es la piel y la carne de una película o serie.

En el caso de Stranger Things, es cargada, barroca, infausta y profunda: la atmosfera te atrapa desde el primer minuto, trasladándote inevitablemente a un terreno aterradoramente genial. La serie te lleva donde ella quiere, independientemente de si el espectador quiere o no acompañarla. Y sí, por supuesto, se detectan pronto reminiscencias a la ciencia ficción de los ochenta y noventa que continúa influenciando a generaciones enteras de niños y niñas que ya son padres y madres; de padres y madres que ya son abuelos y abuelas. Ya sea por tributos subliminales o referencias explícitas, se rememora a E.T., el extraterrestre,a Firestarter, la saga galáctica Star Wars, a Alien, The Thing de Carpenter u otros casos de himnos generacionales del cine fantástico.

Culpa de esta impoluta ambientación reside en la banda sonora que baila junto al guión, creando un efecto siniestro a la vez que prodigioso. Stranger Things se hubiese quedado en la mitad de camino sin Joy Division, David Bowie, The Clash, New Order o The Smiths, entre otros tesoros musicales. Suenan de fondo, pero lo hacen tan fuerte que es imposible no acabar un capítulo sin evitar dirigirse al primer reproductor a recuperar los temas que van sucediendo, sin tregua y con una destreza admirable, a medida que los niños luchan contra el horror y las adversidades que transcurren en Hawkins, Indiana.

Stranger Things no es perfecta. No estoy diciendo eso. Pero os aseguro que no dejará a nadie indiferente, un descubrimiento que bien puede ser algo mágico, o irritante, pero en cualquier caso casi obligatorio. Atención, aviso que lo mejor para disfrutar por entero la serie se recomienda desconectar de prejuicios, abandonar la pedantería cinéfila y apartar a un lado los convencionalismos  del crítico desesperado. Sencillamente, lo mejor es verla con la mente abierta y predispuesto a pasar un buen rato. Simplemente eso.  Confirmada queda la segunda temporada. Ahora nos conformamos con la primera. Seamos sinceros, ¿Existe la serie idílica? No vale decir Los Soprano.

 

 

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