Los meaderos de sus casas okupadas: lo más artístico, creativo y vanguardista de Berlín

Hace un mes tuve la suerte de visitar Berlín durante una semana. De esta ciudad me interesaban dos cosas: las reminiscencias comunistas del Berlín oriental y, sobretodo, las manifestaciones estéticas de su movimiento okupa y alternativo. Yo me imaginaba que toda aquella explosión de creatividad rebelde, que estalló aquí durante los años noventa del siglo pasado, seguía bien presente en sus calles. Pero no era sí: todo eso ya va a menos. Tan sólo quedan pequeñas comunidades resistentes que en poco tiempo acabarán devoradas por la imparable especulación urbanística y la voluntad política de “sanear” la ciudad de todo lo que huela a alternativo. En pocas palabras: si bien aún quedan algunas muestras de ese movimiento social ácrata e iconoclasta, éste ya parece formar parte de la historia berlinesa, pues tan sólo se preserva en algunos libros ilustrados para nostálgicos.

La visita que realizamos a cuatro de estas comunidades okupas nos lo dejó bien claro: las que no sobreviven a base de comercializarse, se cierran sectariamente en un esfuerzo por sobrevivir aislados del resto de vecinos y de la Ciudad; pura sintomatología terminal, el canto del cisne… Me da pena que este movimiento alternativo vaya perdiendo Berlín como uno de sus mayores referentes europeos. Creo que aquí está pasando lo de siempre: cuando surge cierta rebeldía o bien es asimilada comercialmente o bien se la reprime hasta que resulta residual y inofensiva.

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La ciudad en sí no tiene mucho atractivo urbanístico. Es una ciudad que al final de la Segunda Guerra Mundial fue bombardeada hasta la extenuación y, lamentablemente, sus urbanistas y restauradores no la quisieron rediseñar creativamente, ya que toda su arquitectura ha acabado siendo de lo más funcional: un Bellvitge a lo bestia. Por lo que su mayor atractivo urbano han acabado siendo los miles de pintadas y graffities que decoran las fachadas de algunas de sus calles más alternativas. Admito que algunas son verdaderas joyas artísticas, puro street-art, pero no dejan de ser una expresión aumentada de lo que ya podemos disfrutar en nuestras capitales. Por eso mismo yo no paraba de buscar aquello que fuera el elemento plástico más definitorio e identitario de esta ciudad. Me faltaba encontrar aquello que hiciera de Berlín una ciudad estéticamente única, excepcional… hasta que descubrí los meaderos de sus casas okupadas: unas verdaderas joyas artísticas (curiosamente ninguno de ellos hedía…). Estos espacios de relativa intimidad han acabado siendo objeto de la espontaneidad expresiva de muchos usuarios que, inconscientes, han ido elaborando un arte anónimo y efímero. En algún caso, por qué no, podría llegar a equipararse a cualquier obra de Jean-Michel Basquiat.

Y no pude evitar fotografiar algunos; aquí los tenéis.

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En definitiva, y según mi humilde opinión, estos meaderos han sido lo más bonito que he descubierto en Berlín. Para mí es lo que más caracteriza la creatividad plástica de los berlineses, ese neoexpresionismo tan alemán que rinde culto a lo decadente y lo cutre.

Y no hablo en broma (aunque lo parezca…).

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