Panamá, un buen destino para iniciarse en América: sus culturas indígenas

Aquí llega mi tercera y última aportación, mi último intento para ayudaros a organizar vuestro próximo viaje a Panamá.

Después de intentar explicaros como podréis gozar de su Caribe, de su Pacífico, de su naturaleza terrestre… ahora ya me tocaría explicaros su parte social. Y de ella destaco sus culturas más originarias. Si bien la naturaleza costarricense le hace sombra a Panamá comprobaréis, lamentablemente, que Costa Rica ya ha destruido la mayor parte de su patrimonio indígena. Panamá no; un interesante 30% de la población panameña aún sigue siendo netamente indígena. Además se trata de una población indígena que, generalmente, favorece el contacto con el viajero organizando cierto turismo sostenible y que, curiosamente, ayuda a preservar sus costumbres ancestrales.

  • Su diversidad indígena se reparte en cuatro grupos étnicos. Los naso-teribe, el más minoritario, y que se arrincona junto a Costa Rica, alrededor de Bocas del Toro. Son los que os acompañarán en barca cuando visitéis los alrededores de esta población tan interesante. Pero también son los más occidentalizados y los que menos os sorprenderán.
Los ngöbe-buglé pelean a menudo contra el gobierno panameño

Los ngöbe-buglé pelean a menudo contra el gobierno panameño

  • Los ngöbe-buglé se diseminan por todo el centro del país viviendo en aldeas diseminadas. Sus cabañas son circulares y sus paredes de tablones llegan a ras de tierra. Sus mujeres lucen vestidos decorados con creativas cenefas que combinan triángulos de colores. Pero no todo es tan bucólico en el país ngöbe-buglé: también se caracterizan por sus frecuentes enfrentamientos contra un gobierno central que no deja de engañarlos robándoles pedazos de sus ríos para construir presas eléctricas o ocupando pedazos de su territorio para arrancar minerales. Nosotros fuimos testigos de ello: cuando nos disponíamos a abandonar su comarca los ngöbe bloquearon durante días la única carretera que une su región con el resto del país, lo que me hizo recordar mis lecturas preparatorias del viaje y recordar como hacía menos de un año la policía panameña mató a un indígena y provocó varios heridos de bala en este mismo puente. A nosotros tan sólo nos dejaron cruzar el puente caminando y al cabo de 24 horas. Tuvimos que abandonar nuestro coche de alquiler.
El vestido femenino ngöbe-buglé se decora con triangulos de colores

El vestido femenino ngöbe-buglé se decora con triangulos de colores

Como el resto de los indígenas panameños, los ngöbe-buglé viven en territorios dominados por el jaguar. Recuerdo perfectamente el muchacho que debía transportarnos en su canoa a motor hasta su poblado, y como nos explicaba que, dos años atrás, un jaguar atrapó por la cabeza a su hermano de siete años y lo arrastró hacia la selva, mordiéndole el cráneo. Se ve que lo confundió con un mono. Por suerte su padre pudo rescatarlo a golpes de pala. Finalmente esa canoa no zarpó… por falta de gasolina…? y es que los ngöbe-buglé son los menos abiertos a los viajeros.

Pero los viajeros lo tendrán mucho más fácil con los kuna.

Las mujeres kuna venden los pectorales de sus vestidos

Las mujeres kuna venden los pectorales de sus vestidos

  • Los kuna se extienden por toda su costa nordeste y una pequeña porción de costa colombiana. Sus mujeres, como no, también son las únicas que preservan la indumentaria tradicional ganándose sus buenos dineritos elaborando los complicados y bordados pectorales que venden a todo quisqui por veinte dólares. Los kuna viven en un paraíso: el archipiélago de San Blas, que incluye 350 islas, y de las que sólo una cincuentena están habitadas. Por estas minúsculas islas no circula ni una simple moto y pocas de ellas disponen de algún generador de electricidad. Sus lindas cabañas se construyen clavando cañas sobre la arena blanca de coral. Y cuando visitéis sus islas dormiréis en alguna de ellas. Mientras esperáis que el sueño os invada a lo mejor escucharéis, a través de sus cañas, los cantos propiciatorios de algún chaman que prueba de curar la intoxicación intestinal de una niña de nueve años. Ella, acostada en su hamaca, esperará que la curen los cantos del chaman y los vapores de un incensario que quema cacao. Estos mismos indígenas son los que os repartirán con sus canoas motorizadas por las islas más bonitas del archipiélago. Allí os protegeréis del sol a la sombra de algún cocotero. Y ya veis: tan solo trataréis con los kuna en todo momento. No encontraréis ningún “blanco” gestionado ninguna barca ni ningún hotelito. Al contrario del territorio ngöbe-bugle, en el país kuna los blancos tienen prohibida la residencia, la propiedad de la tierra y la gestión de ningún negocio. Y todo viene de cuando, hace casi cien años, los kuna se ganaron por las armas un grado de autogobierno indígena único en el mundo, un autogobierno que bloquea, tenazmente, cualquier incursión criolla en su territorio.
Los kuna navegan a vela entre sus islas

Los kuna navegan a vela entre sus islas

Tampoco encontraréis muchas canoas motorizadas por aquí ya que la mayoría de sus embarcaciones aún las elaboran con troncos vaciados de cedro espino a los que les clavan un mástil donde cuelgan una vela que habrán confeccionado con algún pedazo de pancarta electoral.

Los cuatro grupos étnicos se fabrican sus embarcaciones vaciando troncos

Los cuatro grupos étnicos se fabrican sus embarcaciones vaciando troncos

  • Completaréis vuestra experiencia antropológica con los embera-wounaan que se distribuyen entre las selvas del Darien panameño y la región del Choco colombiano. La manera más fácil de llegar hasta sus poblados es tomando la carretera que une la capital con Yaviza, transitando por una de las carreteras más bellas del país. Antes de alcanzar esta pequeña ciudad, ya encontraréis, señalizados, algunos de sus poblados. También podéis organizar una visita más cómoda al poblado embera del Chagres, muy cercano a la capital, y hasta el que navegaréis en un tronco vaciado que pilotarán los mismos indígenas.
Mujeres embera

Mujeres embera

Para protegerse de las crecidas fluviales sus casas se elevan sobre palafitos y no poseen paredes. Aquí también son sólo sus mujeres las que conservan la indumentaria tradicional que, en este caso, se reduce a una faldita de vivos estampados. El resto del cuerpo va en pelotas, pues un porcentaje interesante de sus chicas y mujeres aún lucen sus pechitos a la vista. Y sus tetas serán libres hasta que las cada vez más peligrosas misiones protestantes, estas delegaciones ultraderechistas que invaden obsesivamente sus poblados, consigan prohibir tamaño “pecado”. Si no tardáis en visitarlos aún estaréis a tiempo de desnudaros junto a ellos y de dejaros pintar todo el cuerpo con jagua, una tinta negra que tarda unas dos semanas en borrarse.

Ya veis: Panamá es el país latinoamericano donde me ha resultado más fácil acceder, contactar, convivir y comunicarme con grupos indígenas poco occidentalizados.

Si no tardáis demasiado aún podríais encontrarlos tal como os lo he explicado.

Caribe, Pacífico, fauna, selva grupos indígenas…; todo en un país bien pequeño y accesible lo que constituye, seguramente, uno de los mejores destinos para iniciarse a la América más auténtica.
Que os aproveche…

Deja que una chica embera te pinte el cuerpo con jagua

Deja que una chica embera te pinte el cuerpo con jagua

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